… nací de la siembra de las estrellas apagadas, en la luz de los llanos de los cielos en fuego eterno, nací de entre el llanto de alas no perdonadas y el baño de voces de lágrimas que cubrieron de festín la piel de un buey y, casi sin querer, me convertí en el cenit del sueño de cualquier caballero andante que buscara y ansiara matar bestias y dragones para poder casarse con una bella y dulce princesa que no anhelaba más que la libertad de su jaula dorada de cristal y yo, inmenso y ávido, desnudo de la vida, atravesaba mares y océanos, cruzaba montes y montañas en tu búsqueda y a media noche, como todas las noches, reunía a los fieles de Baco y brindaba por ti …
… pero fui creciendo en las brisas misteriosas del deseo, ebrio vagaba a cal y canto de amor, me hice dueño íntimo del cielo más oscuro, me forjé dios en la lengua sindarin, como agua bendita lamí las cicatrices de mi destino liberándote de monstruos y bestias, mas merodeaba incógnito en el inframundo hasta quedarme ciego, sí, y los días se hicieron largos y traicioneros sin ti, tan largos que el ocaso moría como una canción maldita en los brazos del alba y entonces, una mañana, una vida entera, te volví a ver, hermosa, bella, divina como un dulce despertar…
… lo que el hombre no supo lo enmendaron los dioses envidiosos y así muerto por el pecado de la envidia de una flecha azul vivo en el sitio más hermoso del cielo para contemplar, noche tras noche, una vida entera, como mi corazón se hace agua y fuego en espera a que la luz sea creada en el círculo perfecto de mi amor mientras vigilo como corren los vientos de bosque en bosque y, cuando por fin triunfa en el cielo la sonrisa de mi amada y los inmortales duermen de alegría y felicidad con su nana, yo dejo de brillar y ser leyenda o mito para caer como náufrago en sus brazos, como quien regresa cansado y eterno y, entonces, ella me abraza con su delicada y esplenderosa blancura mientras mis perros aúllan de justicia por que yo soy ...
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