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miércoles, diciembre 31, 2008

... montar el belén

Querid@s huéspedes, amig@s y navegantes

Os transcribo un texto que se publicó en un quincenal de un pueblo de cuyo nombre no me quiero acordar. Decir que pertenece a Información de Publicaciones del Sur, ahí solía yo trabajar de fotógrafo y publicar artículos de opinión hasta que el Poder, (unos impresentables del pueblo, caciques del siglo XXI), quiso acallar la verdad, y como el dinero manda, me pusieron de patitas a la calle. De todos modos no cobraba por los cientos artículos que escribí y que se publicaron hasta la muerte de mi Libertad De Expresión. Bueno, pero esa es otra historia.
Como las cosas desde las navidades del 2001 no han cambiado para nada, y la actualidad sigue estando en Gaza, quiero compartir este texto con todos vosotros esperando que ayude, aunque sea mínimamente, para aliviar el dolor de los palestinos y que por fin, la Comunidad Europea tome medidas en el asunto y que el nuevo presidente de la USA deje de proteger a sus aliados israelitas (por su dinero, que es finalmente siempre quien manda, ya lo dijo Quevedo, poderoso Caballero Don Dinero).
Este será pues mi último post en mi Hotel Otoño Primavera II para este año 2008, plagado de Crisis, Guerras, Hambrunas, Desastres Climáticos … aunque lo bueno es que os he conocido y he aprendido mucho de todos/as vosotros/as por lo que DESEO QUE EL 2009 sea un año que traiga una paz eterna al planeta tierra y que todos/as vosotros/as seaís los/as más felices de este maravilloso universo en el que compartir letras de nuestros corazones es lo más gratificante y encima, gratis. FELIZ AÑO 2009
BESOS Y ABRAZOS
MONTAR EL BELEN

Tocaba montar el Belén, el árbol de Navidad y los adornos. Mi hijo, de seis años, nos pidió montar el Belén él solito. Mi mujer y yo nos miramos sorprendidos y accedimos al deseo de nuestro único hijo con la condición de que no armara “el Belén”, es decir, una catástrofe. El pequeño se puso muy contento y nos pidió también que nos diésemos un paseo, que fuéramos de compra o, a tomar un café, mientras tanto. Nos dispusimos a salir, nos abrigamos fuerte y acaparamos unos paraguas porque no había parado de llover desde hace dos días. Tras incansables frases como, “pórtate bien”, “no la líes”, y, “déjalo todo bien recogido que luego ya sabes, ni Papá Noel ni Reyes Magos”. Nos contestó con un simple, “vale”. En su mirada deberíamos haber adivinado el asunto pero nos fuimos tranquilos a pesar de todo. Así que, mi mujer y yo charlábamos en una cafetería del centro del pueblo sobre estas fechas navideñas, lo que haríamos para la cena de Noche Buena y a dónde iríamos pasar la Noche Vieja. Después de unos cafés y unas copas volvimos a casa para llevarnos la sorpresa.
Nos estaba esperando con la puerta abierta del piso para luego abrirnos la puerta del salón con una bella sonrisa en los labios y una enorme alegría en sus ojos, como quién ha hecho un buen trabajo y lo va mostrar al mundo. Al principio todo era aparentemente normal, tras la semi penumbra y de las luces navideñas, observábamos con estupor que aquel Belén se parecía muchísimo a la pura y cruel realidad. En una parte, había una casa con un hombre con barbas que llevaba un pañuelo gris con cuadritos blancos y negros rodeado de tanques y helicópteros apache. Al lado, una frontera edificada con alambres de espinos y muchos soldados vigilándola, al otro lado, niños con piedras en las manos. Más allá, un asentamiento donde estaban recluidos unos pastorcillos vigilados por soldaditos playmobil. En una esquina, que parecía una calle, se leía en un letrero pintado a mano, “Pizzería”, junto a él un autobús destrozado y muñecos con los brazos, cabezas y piernas separados. Y en la misma calle, soldados que apuntaban a un muñeco que tenía pegados bolsitas a su cuerpo que parecían dinamita. Había unos montes donde yacían tumbados los tres Reyes Magos amarrados y desposeídos de sus regalos y camellos. Preguntamos por el Portal y nos mostró una cueva derrumbada. Pero, “y, ¿San José,..?” Y nos señaló la situación sobre un río de papel de aluminio. Había una patera en la que iban numerosos muñecos semi desnudos y entre ellos se encontraban San José, La Virgen María y el Niño Jesús. Nos quedamos perplejos y lo miramos en silencio hasta que sonrió dándose cuenta de nuestra sorpresa.
“¿¡Qué!? Este es el verdadero Belén y no los que hay en los escaparates de las tiendas.”


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imagen de la red